domingo, 8 de julio de 2007

Carta del Poeta Antonio Gil


Tu Casa de Remolienda nos remuele, nos aprieta como el molino o el mortero de piedra que pulveriza suavemente la femenina harina tostada de la chupilca o el ulpo matinal y nos impregna los sentidos del alma de un olor viejo y familiar como el canto de una lechuza, un poema de Jorge Tellier o esa carta de soldado anónimo del 79, escritaen los salares, contra el viento, y que reencontramos un siglo mas tarde, en un altillo de la realidad, entre un torbellino de objetos olvidados. Algo muy nuestro, algo de cada átomo de nuestro corazón se nos despierta allá por el fondo de cada imagen de esta película muda que se vuelve sonora, creemos a ratos, a punta de cueca y de huevos viriles. Un Chile hundido en el pasado, en esos vastos desiertos de eternidad que se abren y se extienden, palpita a espaldas de la teatralidad brutal de la última obra tuya, Joaquín, como la flor del durazno. Una voz inaudible nos va contando un cuento que apenas escuchamos, historia de fogón pura y humosa, que habla quizás acerca de lo que fuimos y de lo que somos, pese a todo este desdichado remoler de la gran chingana que nos ha extraviado como en una ciénaga. Una luz de ayer parpadea al fondo de tu trabajo, como el regusto bayo de la chicha o el olor redondo de los chicharrones de chancho chisporoteando en el sartén viejo del pueblo, bajo los ojos aterciopelados de las hembras de la Patria. Un tintineo de poncheras y de espuelas se cuela por las orilla de la pantalla y hay ahí un mundo de bordes que pugna siempre por entrar en el cuadro: es lo inefable, lo inenarrable pugnando por un lugar en nuestra pupila. Un zumbido de realidad, cargado con la vida y la muerte, como una escopeta de dos tiros amartillada, llena esta maravillosa película con su ardor y su olor a sudor de caballo y sexo de hembra joven. Asomarse a esta Casa tuya es como mirar al mundo mas allá de la noche, un tramado de chamanto y manchas de vino costero, racimos Italia estrujados en el muslo y viejas sangres. Sopla un viento de jazmines del cabo y vinagre desde tus imágenes abigarradas de Chile, un retintín de frenos y de goznes, de chavetas de carreta y manceras de arado, un perfume de cordero al palo y una muy honda pasión humana y amor a esta tierra, que es la tuya, empujada por esa fuerza de tu ser que tanto te admiramos y queremos los que tenemos la gran fortuna de conocer tus quehaceres terrestres.

Critica de Ana Josefa Silva en “ La Segunda ”


Cuando vi "Casa de Remolienda" se me produjo uno de esos raros golpes de memoria que ocurren cuando de pronto vuelven a la mente experiencias que uno creía olvidadas: recordé lo maravilloso que era el cine de Nikita Mikhalkov, la elegancia sutil de ese cine cuya estética única parecía sepultada tras ver tanto blockbuster inútil; recordé con nitidez escenas de "Oci ciornie", ciertos colores, sus encuadres, luces y sombras, su atmósfera. La había visto (lo supe con entera certeza) en el cine arte Alameda, cuando todavía era el Normandie. La película era de 1987 pero quizás cuándo es que llegó a Chile para que algunos tuviéramos el privilegio de verla. Y ahora en 2007, yo estaba sentada mirando, asombrada, cómo un chileno había sido capaz de recuperar para mí la experiencia gloriosa de vivir esa calidad estética y de saber que, finalmente, las mejores cosas nunca se pierden de tu vida, aunque, por algunos momentos, meses, años, la memoria te traicione un rato.

He visto buenas películas chilenas, algunas de verdad muy buenas. Pero ninguna de ellas había logrado esta suerte de milagro de hacerme revivir una experiencia de arte de tal riqueza; y nunca había visto una película nacional de tal superioridad estética. Esta es exactamente una película de autor (porque me recuerda a Mikhalkov, pero es absolutamente personal y chilena), de esas que ya casi no hay en el mundo; un filme que es más que su guión, su historia, sus actuaciones. Es arte mayor. Y tiene una firma clara: la de Joaquín Eyzaguirre.

Eugenio Tiróni comenta “ Casa de Remolienda ”

...e inauguramos este blog con comentarios que nos motivan a continuar en esta aventura de hacer cine, por lo que quiero compartir con ustedes, algunos de ellos, como el de Eugenio Tironi
Consuelo.


"Casa de Remolienda" es una película chilena, profundamente chilena: por su tema, el conflicto entre el mundo rural y el urbano, entre la tradición y la modernidad; por su tono, que nunca se sabe si lo que ocurre es en serio o en broma; por su música, que nos transporta de improviso a algo que nos identifica profundamente y por su luminosidad, que crea una atmósfera mágica donde nos sentimos en casa. Pero ojo: esta película chilena no hay que soportarla con estoicismo; esta "Casa de Remolienda" la podemos vivir y gozar, porque por sobre todo es muy entretenida.