domingo, 8 de julio de 2007

Critica de Ana Josefa Silva en “ La Segunda ”


Cuando vi "Casa de Remolienda" se me produjo uno de esos raros golpes de memoria que ocurren cuando de pronto vuelven a la mente experiencias que uno creía olvidadas: recordé lo maravilloso que era el cine de Nikita Mikhalkov, la elegancia sutil de ese cine cuya estética única parecía sepultada tras ver tanto blockbuster inútil; recordé con nitidez escenas de "Oci ciornie", ciertos colores, sus encuadres, luces y sombras, su atmósfera. La había visto (lo supe con entera certeza) en el cine arte Alameda, cuando todavía era el Normandie. La película era de 1987 pero quizás cuándo es que llegó a Chile para que algunos tuviéramos el privilegio de verla. Y ahora en 2007, yo estaba sentada mirando, asombrada, cómo un chileno había sido capaz de recuperar para mí la experiencia gloriosa de vivir esa calidad estética y de saber que, finalmente, las mejores cosas nunca se pierden de tu vida, aunque, por algunos momentos, meses, años, la memoria te traicione un rato.

He visto buenas películas chilenas, algunas de verdad muy buenas. Pero ninguna de ellas había logrado esta suerte de milagro de hacerme revivir una experiencia de arte de tal riqueza; y nunca había visto una película nacional de tal superioridad estética. Esta es exactamente una película de autor (porque me recuerda a Mikhalkov, pero es absolutamente personal y chilena), de esas que ya casi no hay en el mundo; un filme que es más que su guión, su historia, sus actuaciones. Es arte mayor. Y tiene una firma clara: la de Joaquín Eyzaguirre.

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